Corazón roto

Popularmente se dice que alguien tiene el corazón roto o que se le ha roto el corazón cuando se sufre de alguna experiencia emocional traumática, a pesar de que el corazón no es, aparentemente, un órgano emocional. Sin embargo ahora la ciencia ha descubierto que esta sabiduría popular tiene también una base científica ya que al parecer los traumas vividos también afectan al corazón.

Rebeca Thurston publica en una revista científica un estudio realizado en 272 mujeres peri y pos menopáusicas, no fumadoras ( el tabaco es el primer factor de riesgo de enfermedad cardíaca). Esta elección está basada en el demostrado aumento de incidencia de enfermedades cardiovasculares y de infarto de miocardio en esta etapa de transición de las mujeres. En este estudio se comprueba que las mujeres que en su vida han tenido tres o mas experiencias traumáticas, tenían un endotelio (el recubrimiento que tapiza internamente los vasos sanguíneos y el corazón) mas débil, lo que aumentaba la susceptibilidad de los mismos al daño circulatorio y por tanto la posibilidad de sufrir arteriosclerosis y por ello problemas cardiovasculares.

Este puede ser un argumento mas, aunque innecesario, para proteger a las mujeres de experiencias traumáticas evitables como acoso sexual, violaciones, abuso físico, violencia de género etc ya que de otras experiencias como la muerte de un hijo o hija o la misma muerte del compañero, o presenciar algún desastre natural no son evitables. En cualquier caso también aprender a gestionar las emociones intensas seguro que en un futuro se demuestra útil para evitar que se nos rompa el corazón.

1. Rebecca Thurston: “Multiple sources of psychosocial disadvantage and risk of coronary heart disease”. North American Menopause Society (NAMS). 2017

Maria José Hernández Ortiz
Dra en medicina Quiropráctica
www.quirovida.es

El COLESTEROL: LA MUERTE DE UNA TEORÍA QUE HA CAUSADO MUCHO DAÑO: la industria ha triunfado, los pacientes no.

Aunque durante años muchas personas e instituciones hemos denunciado como falsa y oportunista la teoría que convertía en culpable de la enfermedad cardiovascular al colesterol, parecía que nunca llegaría la hora de la verdad. Sin embargo, cada vez son más las publicaciones de alto nivel que demuestran la falacia de la teoría. La última ni más ni menos pertenece a la Real Sociedad Farmacéutica Británica, que confirma que la teoría del colesterol como causa de enfermedad
cardiovascular está muerta* y por tanto el uso de estatinas (los fármacos anticolesterol) no está indicado en la prevención de la enfermedad cardiovascular. De hecho, de acuerdo con esta institución, la prescripción de estatinas se está desplomando en el mundo.

La conclusión, después de años prescribiendo estatinas y de hacer todavía mas ricas a las muy ricas compañías farmacéuticas, es que NO hay evidencias consistentes de los beneficios clínicos, especialmente en prevención primaria (prevención para no tener infartos), y que en la prevención secundaria (prevención para que no vuelva a ocurrir un infarto) la prolongación de la vida después de muchos años de tomar estos fármacos, solo es de 4 días.

Según este artículo, el descenso de las LDL (el colesterol malo) por medio de estatinas, que ha sido el tratamiento de elección para prevenir las cardiopatías durante décadas, no demuestra ninguna ventaja sobre los cambios en el estilo de vida. De hecho, según el estudio Lyon, una de las últimas puntillas a la teoría del colesterol, la dieta mediterránea baja tanto la mortalidad post infarto como la mortalidad por todas las causas, a pesar de que no se reducen las LDL.

Ya se dice abiertamente que se ha exagerado el beneficio de estos fármacos, mientras se han infravalorado los riesgos. Y aún peor, el propio informe indica que “los ensayos clínicos de las estatinas han estado marcadas por el patrocinio de la industria influido por el engaño estadístico y corrompida por metodología fraudulenta”.

La conclusión del artículo es demoledora: Dejar de tomar estatinas puede, “paradójicamente”, salvar más vidas y mejorar la calidad de vida de los que tomas estos fármacos. O como decía Juan Gervás, “sea feliz, no se mida el colesterol”.





Dra. María José Hernández Ortiz